miércoles, 5 de agosto de 2020

ENCUENTRA TU PROPÓSITO DE VIDA. ENCUENTRA TU IKIGAI

Estoy de vuelta por el blog 😉 Ha sido una cuarentena muy, pero que muy productiva a nivel personal y sobretodo en la parte que más me gusta que es, aprender cosas que realmente me gustan. 

 En esta ocasión os traigo una transcripción de un vídeo de Seiiti Arata, adaptado para lectura por una  servidora. Cuando me llegó este vídeo me impactó de sobremanera tanto que pensé que sería la mejor excusa para volver a escribir y seguir compartiendo mis cosas.

 Me encanta tener la teoría de las cosas que me gustan siempre a mano, por ello, me decidí hacer un resumen para poderlo leer cada vez que lo necesitase. Creo que es de alto valor y por ello lo he querido compartir en mi propio espacio.

Si aún no has encontrado tu propósito de vida, o como yo, estás en el camino, esta información no te la puedes perder. Deseo que te sirva, que te llegue, que lo utilices y que con suerte te inspire.

 

Ikigai

Ikigai es una palabra japonesa, que se puede traducir como la razón de ser, o más bien, la razón por la que te sientes motivado para levantarte de la cama todas las mañanas. Si eres una persona que ya ha encontrado su propósito, que trabaja con motivación, que está feliz con lo que tiene, entonces probablemente ya hayas encontrado tu Ikigai. Pero si este no es tu caso todavía, en las líneas siguientes vas a entender por qué es importante conocerlo. También os presentaré los cinco pasos que debes seguir para llegar a encontrarlo.

Ikigai te ayuda a entender por qué quieres lo que quieres. Y es que todos tenemos sueños. Soñamos con tener ciertos bienes materiales, mejorar nuestra salud, vivir una experiencia que nos parezca interesante… y a pesar de ello, a menudo nos olvidamos de preguntarnos ¿POR QUÉ? ¿ Por qué perseguimos estos sueños? ¿ Por qué quieres tener esta posesión material? ¿Por qué quieres estar más sano?... perder peso, ganar músculos, viajar por el mundo, saltar en paracaídas o conocer a tu ídolo u otra cosa…

Comprender los motivos que te hacen levantarte de la cama todas las mañanas, es muy importante porque te da una motivación interna y duradera. Este tipo de motivación es capaz de mantenerte en el camino para conseguir tus objetivos. Es una motivación diferente, mucho más efectiva que la motivación pasajera que proviene de algún vídeo, un eslogan o un ejemplo inspirador. Quién consigue encontrar esta razón para hacer cosas y actuar, encuentra el ikigai.

Ikigai es tu razón de vivir. En el libro “Ikigai: los cinco pasos para encontrar tu propósito de vida y ser más feliz” el neurocientífico Ken Mogi explica que encontrar tu ikigai, es encontrar tu razón de vivir.

El término fue creado en unas islas japonesas que son famosas por tener una esperanza de vida muy superior a la media. Una de las razones para explicar esta longevidad, es que las personas de estas islas SABEN lo que les GUSTA hacer y se dedican a estas actividades durante toda la vida. La teoría es que si podemos ganarnos la vida haciendo lo que nos gusta, tendemos a realizar nuestras actividades con mayor satisfacción, atención y productividad. Por eso, conocer tu Ikigai es conocer tu  pro-razón de vivir.

¿ Y cómo hacerlo?

 Existen varias técnicas para encontrar tu propósito y varían según la definición misma de propósito. Sin embargo, todas las técnicas coinciden en un aspecto: para encontrar tu propósito tienes que mirar en tu interior, necesitas tener una conversación honesta contigo mismo y darte una buena dosis de auto conocimiento, de lo contrario, lo que crees que es tu propósito puede ser sencillamente lo que otras personas creen que es bueno para ti (núcleo familiar, amistades, los famosos que sigues, incluso, la publicidad que se ve por ahí).

Para encontrar tu verdadera razón de vivir, existen 5 pasos sencillos pero que tendrán un impacto realmente profundo:

 

Paso 1:  Empieza en pequeño

 Para encontrar tu ikigai te debes deshacer de los delirios de grandeza que parecen afectar a muchas personas hoy en día. Queremos tener mucho dinero, tener un cuerpo en forma, una carrera de éxito, una familia feliz. Poseer una casa bien decorada, el coche del año… TENER,TENER, TENER. En definitiva, queremos tener tantas cosas que terminamos por no tener casi nada. En vez de eso, empieza por cosas pequeñas. Elige UNA SOLA ÁREA de tu vida que precise mayor atención y mira cómo puedes mejorarla un poco. Deja de lado los delirios de grandeza y empieza a vivir y construir tu razón de vivir poco a poco, pero de forma constante y que tenga sentido para una amplificación de vida mayor.

Paso 2: Liberarse

Libérate de las viejas ideas que pueden no estar alineadas con lo que realmente  quieres en la vida. Por ejemplo: ¿Quién dice que necesitas un cuerpo más esbelto, una casa más grande u otra cosa para ser feliz?¿Es una verdadera necesidad o es algo que ha venido de fuera?¿ Ha venido de tus compañeros de trabajo, de la publicidad y que ya has interiorizado tanto que de verdad crees que es una idea tuya?...

Para encontrar tu Ikigai intenta liberarte de las ideas preconcebidas y reflexiona cuidadosamente, analizándote a ti mismo para encontrar realmente lo que quieres en la vida.

 

Paso 3: Buscar la armonía y sostenibilidad

No sirve de nada encontrar tu ikigai si no trae armonía en tu vida y no es sostenible a largo plazo. Utiliza estas herramientas, hazte preguntas para ayudar a encontrar tu ikigai.

Pregúntate: ¿Eso es sostenible? ¿ se puede mantener esa actividad a largo plazo?¿ se puede vivir de ello?¿Mantendré mi salud?...

Piensa en Ikigai como la intersección de cuatro diferentes círculos

 

                                                


                                                              

Si consigues encontrar una actividad que reúna estas cuatro características, habrás encontrado tu razón de vivir.

Paso 4: Sentir la alegría de las pequeñas cosas

Este paso no es condicionar tu felicidad a si consigues grandes metas. Un error que muchas personas cometen al diseñar planes de vida es crear proyectos gigantescos y condicionar su felicidad propia al cumplirlos.

Por ejemplo: Supongamos que  uno de los grandes objetivos es acabar unos estudios, como un postgrado. Ésta, puede ser una tarea ardua que te va a llevar años de estudio y dedicación. Si solo te permites estar feliz cuando consigas el diploma del postgrado, te habrás enfrentado a años de sufrimiento por unos momentos de alegría. Sí, Porque poco después de conseguir  este postgrado, vas a buscar otras metas. La alegría pasará y te establecerás nuevas y mayores metas y volverás a condicionar tu felicidad. Es un circulo interminable.

Hay otra forma de ver la vida, de forma más inteligente, aprende a alegrarte por las pequeñas cosas. Alégrate cada vez que vas a sentarte a estudiar para tu postgrado. Alégrate por cada error que cometas al escribir el trabajo de fin de grado. Alégrate incluso cuando te veas condicionando tu propia felicidad a alcanzar una meta.

Y es que nuestra vida tiene muchos más momentos comunes, que grandes momentos. Si solo te permites alegrarte cuando tengas estos “ grandes logros” te estarás condenando a una vida de insatisfacción con unos pocos momentos fugaces de felicidad.

Paso 5: Estar en el aquí y ahora

Aprende a vivir en el momento presente, aprende a disfrutar de todo el viaje, y no solo del objetivo final. En este momento, tal y como estás aquí viviendo, estás disfrutando del viaje o estás pensando en que no eres de esas personas afortunadas que puedan encontrar ya un gran propósito o una gran razón de vivir.

Muchas filosofías orientales nos advierten del riesgo del abandonar el ahora, de dejar de vivir el momento presente.  Y cuando nos centramos en el deseo, cuando nos centramos en lo que queremos o lo que no queremos, estamos dejando de vivir en el ahora, es así como abrimos las puertas al sufrimiento.

La razón por la que sufrimos, es el deseo inoportuno, el hábito de siempre querer anticipar el futuro, querer más y más… o recordar el pasado, sin disfrutar el momento presente. Si nunca estamos satisfechos con el ahora siempre querremos algo más, siempre sufriremos.

Si estuviéramos viviendo en el momento presente viviendo en el momento presente por completo no habría querer o no querer, estaríamos en plenitud.

Encontrar tu ikigai es conocerte a ti mismo. Imagina por un momento que tienes una gran motivación para levantarte de la cama todos los días, has encontrado un verdadero propósito, una actividad que disfrutas, que se te da bien, que el mundo necesita y que además puede darte el suficiente dinero para vivir. Pregunto: ¿ Cómo afectará esto a tu calidad de vida?, ¿ Cómo cambiará la forma en la que vives tus días?¿ Cómo afectará a las personas que te rodean?. En Japón esto se llama Ikigai. Puedes mirar dentro de ti hoy y de los cinco pasos que se han escrito aquí para encontrar tu razón de vivir.

Empieza en pequeño. Desecha las viejas ideas y busca algo que te brinde armonía, sostenibilidad.  Recuerda alegrarte por las pequeñas cosas y sobretodo prestar atención en el aquí y ahora.

Encontrar ese propósito es un paso esencial para crear un plan de vida que esté realmente alineado con lo que más valoras en la vida.

 Espero que este escrito te sirva o por lo menos te pique la curiosidad por saber un poco más acerca de tu Ikigai. Hecho con  mucho cariño, como siempre. 

                                                                                                                                   Patry Casado.😃

                                                                                                             Por un mundo más motivador.

 


jueves, 12 de marzo de 2020

UNA PEQUEÑA HISTORIA- LA COSECHA.


Hace tiempo que no paso por aquí y no tengo más excusa que el acúmulo de trabajo diario. Tenía muchísimas ganas de ir poniendo todo lo que pasa por esta cabecita loca que tengo y he ido apilando en un rinconcito del ordenador, poco a poco iré desgranando.
Estoy sumergida en un nuevo proyecto, que me saca la sonrisa y que en ocasiones me trae de cabeza, pero mi instinto pisciano me dice que siga y hacia ello voy. El borrador ya está enviado, ahora pendiente del informe de lectura para ver hasta dónde se puede exprimir. 😊
Bueno, que no me quiero enrollar mucho. Hoy os he traído un pequeño relato  que escribí hace unos meses, de esos que me gustan a mí, con un mensaje oculto del que quizás se pueda aprender algo. Como siempre, al volver a releerlo he retocado cosas, espero que os guste.
A ti, gracias por leerme. Feliz lectura.

LA COSECHA
                                                                                                                                         Patry Casado
  
En el día más frio de aquel invierno, decidió que era hora de arreglar el granero. El viento golpeaba el cristal sin piedad, una y otra vez, mientras el sonido del aire se colaba por toda la estancia. A través de los agujeros del tejado, las gotitas de lluvia iban cayendo en un ritmo cada vez más acelerado, para terminar dentro de los bidones que Martín había colocado en el suelo.
            Sacó los tablones del cobertizo y los estuvo serrando para reparar todas las grietas que tenía a la vista. Protegió bien las ventanas y se ocupó de barrer  todo el suelo. Había recogido tres cubos de agua de lluvia que servirían perfectamente para abastecer a sus animales hasta la mañana siguiente.
En su mente tenía un pensamiento que le rumiaba sin parar noche y día. No llegaba a entender cómo dedicando tantas horas a sacar aquel trabajo adelante, la vida se empeñaba en ponerle una piedra tras otra. A diario maldecía su suerte. Este año había sido especialmente duro. Recogió menos de lo esperado en la cosecha y ahora, tocaba malvivir con lo justo. Sabía que debía cuidar bien lo poco que le quedaba en aquel granero, pues, era lo único que permitiría poner comida en su plato a diario.
Tenía cuatro animales grandes dentro del granero a los que les gustaba dormir junto al heno, alejados de la fría puerta de la entrada. Los pequeños, estaban separados por jaulas. A veces Martín solía quedarse más tiempo de lo necesario junto a ellos, no quería entrar en casa. Se negaba a creer que en otra época lo había tenido todo; una granja envidiable, las verduras más grandes del valle y un campo fértil. Sus preciados animales parecían ser los únicos que le escuchaban realmente, o al menos, eso le reconfortaba pensar.
Su mujer Ana le hacía sentir culpable, no por lo que decía, sino por lo que callaba. Cada vez que le devolvía la mirada, podía sentir la indiferencia en el rostro de una mujer, que tiempo atrás lo había sido todo para él, todo. En su casa no había gritos, ni discusiones, prácticamente ya casi no se hablaba de nada en particular. Solamente les unía un viejo y destartalado hogar, pero al fin y al cabo, se habían convertido en dos desconocidos que vivían bajo un mismo techo.
Estaba anocheciendo. Cuando terminó de apilar el heno, separó a los animales, cepilló a su caballo y fue a poner agua a los conejos. Entonces vio para su asombro que Doti, su coneja más vieja, estaba patas arriba. Una mezcla de ira e impotencia le recorrió su cuerpo; -“¡joder!”-exclamó, mientras intentó darle la vuelta con cuidado. Pero ya era tarde, Doti se había ido. Los demás compañeros de jaula miraban ajenos la situación, seguían haciendo sus cosas de conejos. Fue a buscar una bolsa de basura para sacarla lo antes posible, pues tenía miedo que si había enfermado, contagiase al resto. Sacudió aquel plástico con toda la rabia que pudo y metió en ella el cuerpecito sin vida de lo que, hasta ese momento, no solo había sido una fuente de ingreso. Sintió que ese día ya no podía ir a peor. Pero cuál fue su sorpresa, cuando al limpiar bien la jaula, encontró envuelto en un ovillo de pelo, lo que parecía ser un animal diminuto. Estaba recubierto con restos de fluidos, y emitía leves sonidos, pero ¡sí!, era un conejo ¡y estaba vivo! En ese momento lo agarró entre sus manos y mirándolo con ternura  pensó que no sabía muy bien cómo iba a cuidarlo, pero al menos, lo intentaría.
Llegó a casa. Su mujer estaba a punto de acostarse.
-Tienes la cena en la mesa- le informó al pasar junto a él.
-Gracias Ana- dijo casi en un susurro.
-¿Qué es eso que traes? ¿Otro gato?
-No es ningún gato- le dijo interrumpiéndola. Doti ha fallecido y este pequeño estaba bajo ella.
-¿Quién demonios es Doti? -le miró perpleja.
-Nadie… ¡Déjalo! No te preocupes. Vete a dormir.
Y sin querer iniciar una conversación banal, Ana se alejó murmurando algo para sí.
Martín volvió a sentir esa punzada en su pecho, como le ocurría casi a diario, cada vez que sus miradas se cruzaban. Le causaba una gran pena no poder compartir su amor por los animales con su esposa, pero no tenía tiempo ahora para lamentaciones. Lo más importante era acomodar al nuevo huésped que se había presentado sin avisar. Buscó algo de leche que había recogido esa misma mañana y se hizo con un par de trapos mullidos que encontró en un cajón. Se acordó que tenía un cuentagotas sin estrenar en el armarito del cuarto de baño, y con mucha paciencia fue dando de comer al pequeñín. Permaneció ahí sentado, en la mecedora de madera, junto a las pocas brasas que aún lucían dentro de la chimenea. Pasado un rato, el conejito terminó todo el alimento.  
Por un momento, la escena le pareció tremendamente graciosa. Un hombre de su edad, dando el biberón a un animalillo, en mitad de la noche. Entonces automáticamente su mente viajó hacia atrás, e intentó recordar esa misma escena en su pasado, pero sorprendentemente, por muchas vueltas que dio por su memoria, no la encontró. ¿Es posible que jamás le hubiera dado el biberón a ninguno de sus hijos? Estaba seguro de que su mujer no pudo dar pecho a ninguno de ellos, pero creía haber tenido la sensación de que al menos una vez, lo había hecho. Por mucho que lo intentó, las imágenes no venían. En ese momento se sintió miserable, dolido consigo mismo, infeliz…
El pequeño visitante parecía ya dormido. Lo colocó en la jaula bien tapado al lado de la mecedora, mientras levente, le oía respirar. Abrió la lata donde guardaba el tabaco y aplastó un poco en el interior de su pipa. Cerró los ojos y mientras aspiraba lentamente el aroma, se dejó llevar por el silencio.
Él, que se tenía por buen padre, dudaba ahora de ciertas cosas que siempre había dado por seguras. Tenía una relación estupenda con sus hijos, aunque ya no vivían en casa, ni siquiera en la misma provincia, siempre estaban al otro lado del teléfono. Les había enseñado a pescar, a curar heridas, a cuidar de los animales, a trabajar, conducir… ¿y si no había sido suficiente? Entones, en un momento revelador, tomó una decisión. Esta vez, sí que haría bien las cosas. No tenía que demostrar nada a nadie, pues, nadie le había pedido explicaciones. No toleraría más quejas, iba a convertirse en un hombre de acción. Este cambio comenzaría por criar a Nico, que es así como decidió llamar a su pequeño amigo. Sería el único responsable de su nueva mascota y le daría de comer cada día, las veces que fuera necesario. Mantendría limpia su jaula y le acompañaría hasta el día que ya no le necesitase más, igual que a un hijo. La idea se le antojó graciosa y los resultados no tardaron en llegar.
Pasaban los días y Ana le miraba incrédula cada mañana cuando Martín se sentaba en la mecedora con Nico, que cada vez estaba más grande, para darle de comer. Aun así, no le decía nada. Llegó un momento en el que Nico fue creciendo y ya comía solo. Era un precioso conejo sano  que también adoraba mucho a su dueño.
Martín, tenía algo más de tiempo libre y una la sensación de que por fin “estaba haciendo algo útil” le mantenía con ilusión cada día. Su carácter se hizo más agradable y decidió traer flores a casa cada mañana. Las ponía en el centro de la mesa para llevarle a Ana un poco de color y por qué no, quizás sacarle alguna sonrisa. Empezó a pensar en su próxima cosecha y cómo podía mejorar aquella tierra y entonces por primera vez en su vida, decidió pedir ayuda a un vecino. Acabó apuntándose a un curso que se impartía en su ciudad para mejoras en la tierra y eso hizo que, al tener su cabeza ocupada con algo que le producía interés,  los pensamientos negativos de su cabeza poco a poco se fueran yendo. Aprendió mucho durante todo el invierno, cosas nuevas del campo, retomó su amor por la buena lectura, incluso mejoró la relación con su esposa. Descubrió que aunque ambos habían estado ausentes durante mucho tiempo, quizás aún no estaba todo perdido.
Para cuando quiso darse cuenta, Nico, estaba preparado ya para mudarse al granero, con los suyos. Sentía una mezcla de pena y orgullo, pero había conseguido más cosas que criar a un conejo durante este tiempo de acción que había experimentado. La cosecha de ese año fue magnífica; sembró volver a retomar las citas con su esposa, regó días de pesca y charla con sus hijos y, recogió los mayores frutos de toda su vida porque su tierra ahora, sí era fértil.
Como siempre hecho con mucho cariño, para gente bonita 💜





lunes, 30 de diciembre de 2019

MI RITUAL DE FIN DE AÑO

  TERAPIA DEL ACANTILADO 


Llegamos a los últimos días de este 2019, el tiempo ya se escurre entre los dedos y las miras están puestas en el momento actual en los recuerdos de este año y todo lo que se avecina.
A mí me gusta despedir el año con un pequeño ritual al que cariñosamente llamo "Terapia del acantilado". Hoy lo hice con mis hijos y mi marido y estoy segura que en estos días que faltan volveré a repetirlo con mi madre y hermana o amigas. 


El método es bien simple pero requiere de una reflexión el día anterior y una intención poderosa en el momento en el que se realiza. Para todos los lectores de mi primer libro El sí del Alma, un relato del libro lo dedico a este momento de forma algo más extensa.
Voy a ir al grano, para no enredar algo que es tan simple.
Este ritual se basa en pensar en aquella/s situaciones, personas o cosas propias tuyas de las que te quieres deshacer, suprimir o literalmente tirar acantilado abajo. Puedes pensar en varias opciones pero hacerlo con sentido, tiene que ser algo que realmente te moleste en tu vida y le quieras dar el pase de fin de visita.
Suelo ir al acantilado que está en lo más alto de donde vivo, Castro Urdiales. Imagínate el marco; el cantábrico de fondo con el frío de diciembre. Vas caminando y eliges una piedra. Pero claro, no una piedra cualquiera, ¡no!, tiene que ser un buen pedrusco. Uno que cuando lo mires pienses... está no sale del fondo del mar jamás de los jamases.
Saco del bolsillo el rotulador permanente y sentencio con ganas escribiendo lo que quiero que se marche.
Pongo la intención de que eso que está escrito ya ha salido de mi vida. Entonces me acerco al borde del acantilado. Vuelvo a comprobar que efectivamente no hay ningún espontáneo pescando debajo para no cometer ningún delito y agarro mi piedra. Entonces antes del último paso me detengo unos segundos. Cojo aire y grito con todas mis fuerzas : ¡FUERAAAAAAA! Mientras la lanzo al vacío.
Te liberas, te envalentonas, sientes más espacio. Yo personalmente, me siento más viva.
Si vas acompañado haz que alguien te lo grabe. Pero no lo tengas en el sentido de mostrarlo sino guardarlo para ti. Durante el año, a veces tendrás recaídas y esa situación o persona volverá a rondar por tu cabeza, ponte entonces el vídeo. Vale para eso.
Tus imágenes te recuerdan que lo que te crea esa situación ya está fuera de tu vida y que está en las profundidades del océano y no contigo. Ya verás cómo al venir todo eso de ti, las creerás y te sentirás bien.
Es un compromiso contigo mism@. Es decir, no solo es escribir en 

una piedra y ya. Las cosas no funcionan así. Hay que ponerle la intención y acompañarlo siempre con una acción que será lo que determine si realmente quieres sacarlo de tu vida. La piedra es algo simbólico, es un primer paso hacia la acción
Unos pequeños consejos:
-  Elige la mejor hora: Si eres más tímid@ o es tu primera vez hazlo en una hora en la que no haya mucha gente. Yo lo hice hoy a media mañana y la gente te mira raro. Pero ya me da un poco igual.
- Mejor si vas con alguien. Comparte este momento tan personal con alguien de confianza. Alguien que, aunque no lo haga, te apoye y esté ahí contigo. Empecé haciendo este ritual con mi madre y ahora mis hijos también hacen los suyos propios.
-Cree en ello: Creer es lo que hará que todo funcione.

Este es mi ritual, me encantaría saber cómo es el tuyo. ¿Me lo cuentas?
Gracias por escuchar, te deseo lo mejor.
Feliz 2020.



viernes, 13 de diciembre de 2019

El panel de visualización


EL PANEL DE VISUALIZACIÓN
Y llegamos al último mes del año. Vamos a ir cerrando pequeños capítulos para ir dejando hueco a las cosas nuevas que estar por llegar. Este mes trae implícito un pequeño repaso, se quiera o no, del periodo que dejamos atrás. No seáis muy tiranos con vosotros mismos e intentar hacer una crítica constructiva de la situación. Estoy segura de que hemos hecho todo lo posible con la información, el tiempo y los recursos a nuestro alcance, al menos por la parte que me toca.

Para mí ha sido un año muy completo, con muchos cambios emocionales sobretodo en este último trimestre, en el que el péndulo está un poco en la zona de bajón y espero ir equilibrando y subiendo hacia arriba. A veces las cosas cuestan más de lo que deberían, pero eso no es excusa, hay que seguir adelante.




Hoy os traigo algo muy especial. Algo que, tras hacer un cambio en mi forma de utilizarlo el año pasado, he comprobado en mis propias carnes que funciona ¡vaya si funciona! y estoy segura de que, si lo intentas, verás también un cambio.


Me gusta empezar el año con un plan y para ello me ayudo de mi panel de visualización. En el post de hoy hago referencia a todo lo que ocurre cuando planteas una serie de cambios en tu vida, los plasmas en imágenes que tengan una carga emocional alta y los ves cada día, en forma de fotos, de recortes… Las cosas se materializan antes porque, my friend, ¡sin querer entras en acción masiva!

Pero ¿qué es un panel de visualización? ¿Cómo se hace? ¿Para qué sirve?

Es algo muy sencillo que trataré de enseñaros:

Paso 1: Disfruta. Pásatelo como un niño, porque vas a crear lo que será a grandes rasgos tu año. Lo importante es que, durante su construcción sea bien mediante cartulina, dibujos, pegar fotografías, recortes de revistas,  cualquier cosa vale mientras lo veas cada día. Haz un collage, como cuando estabas en primaria y siente orgullo del resultado. Usa tu imaginación porque el límite lo pones tú. Si prefieres digital también, pero es mejor poder verlo directamente como un mural.

Paso 2: Hay que saber muy bien qué es lo que se quiere y tener un compromiso interno de que, lo que está en la foto, llegará a tu realidad por medio de creer en ello + entrar en acción (es decir, irás con toda la artillería a por aquello que quieres para que el resultado sea igual, parecido o mayor a lo que tienes en foto y con fe, con mucha fe).

Paso 3: Aunque en alguna fotografía salga tu familia, este panel es solo tuyo. A mis hijos les encanta mirarlo cada día y me riñen cuando cambio algo pero siempre les digo que es MI panel. Son mis sueños y mis deseos, no los de los demás. Eso tenerlo bien claro.

Paso 4: Admite más. Te darás cuenta que, una vez entrando en acción se te presentarán más oportunidades de las que hayas podido plasmar en tu panel, acéptalas. Suma fotos y las que vayas cumpliendo guárdalas.

Paso 5: Buenas vibras. Tiene que darte buenas vibras, la elección del lugar donde lo colocarás, de las fotos y los recortes. No puedes pensar… vaya esto es muy caro ¡no lo voy a conseguir! Si realmente quieres algo, plásmalo y entonces hallarás la manera de ir acercándote a eso que quieres. Yo quiero una casa independiente con jardín, la deseo hace años. Es algo muy grande. Lo tengo ya todo en la mente y voy acercándome poco a poco a mi objetivo. Sé que está ahí y es para mí. Hace años me desesperaba, ahora ya no, porque sé que va a ocurrir igualmente.

Paso 6: Celebra cada sueño cumplido. Celébralo, siente ese gran orgullo por cada cosa que vas cumpliendo. A cosa cumplida, fotografía que retiras, lo estás haciendo bien.

Yo guardo todas las fotos que se cumplieron, y al final de año, las pego en un cuaderno grande para ver el resumen. Lo que va tardando reevalúo, si sigo queriéndolo, si he hecho todo o podría hacer algo más para acercarme a ello.

*Paso 7: Hazlo anualmente. Le he puesto un asterisco a esta porque es la que marcó la diferencia. Llevaba muchos años haciendo mi panel. Siempre era el mismo, pero eran sueños para cumplir en 5,10 o 15 años… no había un guion o mapa de acción.

He descubierto que, si cada año hago uno con todo lo que quiero conseguir, me obligo a salir de mi zona de confort y realmente llegas a cogerle el gustillo a esto de la acción.

Os he puesto con foto un ejemplo pero las posibilidades son infinitas. A mí me gusta elegir un par de frases de esas poderosas para ver cada día. Me encanta planear viajes en familia, cursos, proyectos que haré durante el año y me hago un juramento de esos internos conmigo misma “voy a cumplir todo lo que está expuesto aquí” por eso me tomo mi tiempo en cada foto que elijo, cada frase, cada todo.













Deseo que os sirva, que aunque os parezca algo tonto lo intentéis porque yo este año me he quedado asombrada con el resultado.

Este no es mi panel de visualización, sino los resultados que he conseguido este año desde que hice lo que yo llamo terapia del acantilado 😅 (los lectorxs de mi libro "El Sí del alma" ya sabrán de que hablo)

Presentar unos escritos que han terminado siendo mi primer libro de relatos. Toda la experiencia vivida gracias a la editorial Rubric (www.rubric.es) que apostó por mí. A mi familia, amigos y desconocidos que vinieron y lo compraron, que estuvieron en la presentación y en la firma de El sí del alma y que han hecho que siga escribiendo. Gracias a todo eso, dentro de pocos días os presentaré de manera digital, "El sí del alma Feliz navidad" ¡estoy deseando enseñaroslo!
Estas son las imágenes a grandes rasgos porque me han pasado cosas increíbles, he conocido a gente maravillosa y tengo a mi familia que siempre me apoya❤️
Estas semanas antes de que acabe el año vamos a exprimir bien el tiempo 😄

martes, 5 de noviembre de 2019

El pirata






LA PALABRA PIRATA CAMBIÓ SU VIDA



Hace algunas semanas que no ando por el blog pero tengo una buena excusa. Trabajo  preparando unas historias muy especiales que quiero que vean la luz estas navidades y, estoy enfocando toda mi energía en ello. Al mismo tiempo, estoy haciendo un curso de relato que me lleva las pocas horas de noche que puedo aprovechar, vamos un poco liada.

Hoy me di cuenta de la importancia que tiene una sola palabra para mover, sacudir o alterar la vida de una persona, basta solo con una.

En mi caso, uno de los detonantes para querer escribir más seguido fue leer historias como la que os presento a continuación. La he tomado prestada del libro “Sopa de pollo para el Alma de la Mujer”  que si no lo habéis leído, os lo recomiendo. 

Hace ya algunos años que leí este libro, y, la historia que viene a continuación se me quedó muy grabada. Es muy sencilla, pero a la vez, lo tiene todo. Ojalá algún día, alguno de mis escritos pueda agitar el mundo de alguien también así, de esta misma forma.

Espero que os guste, es preciosa.

El pirata

 

No vemos las cosas como son, las vemos como somos.

Anai's Nin

 

Un día, la señora Smith se encontraba en la sala de espera de su médico cuando un niño y su madre entraron al consultorio. El niño llamó la atención de la señora Smith porque llevaba un parche sobre un ojo. Se sorprendió al ver qué poco parecía importarle la pérdida de un ojo, y lo observó mientras seguía a su madre hasta la silla más cercana.

Aquel día el consultorio del médico estaba lleno, así que la señora Smith tuvo oportunidad de conversar con la madre del niño mientras él jugaba con sus soldaditos. Al principio él se mantuvo en silencio, maniobrando con los soldaditos sobre el brazo de la silla. Luego se trasladó silenciosamente al piso, lanzándole una mirada a su madre.

En cierto momento la señora Smith tuvo ocasión de preguntarle al niño qué le había sucedido en el ojo. Se detuvo a considerar la pregunta largo rato y luego replicó, levantando el parche:

—No tengo nada en el ojo. ¡Soy un pirata!

Y regresó a su juego.

La señora Smith se encontraba allí porque en un accidente automovilístico había perdido una pierna desde la rodilla. La cita de aquel día con el médico era para determinar si estaba lo suficientemente curada como para acomodar una prótesis.

La pérdida había sido devastadora para ella. Aun cuando se esforzaba por ser valiente, se sentía una inválida. Racionalmente sabía que esta pérdida no debía interferir en su vida, pero en lo emocional no podía superar este obstáculo. Su médico le había sugerido practicar visualizaciones, y ella lo había intentado, pero era incapaz de forjar una imagen perdurable y emocionalmente aceptable. Se seguía viendo como una inválida.

La palabra "pirata" cambió su vida. De inmediato se sintió transportada. Se vio vestida como el Corsario Negro, a bordo de un barco pirata. Estaba de pie, con las piernas separadas... y una de ellas era una pata de palo. Tenía las manos bien aferradas a las caderas, la cabeza y los hombros erguidos, y sonreía frente a la tormenta. Los vientos tempestuosos azotaban su casaca y su cabello. Un rocío helado barría la balaustrada de cubierta mientras grandes olas rompían contra el barco. El navío se mecía y gemía bajo la fuerza de la tempestad, pero ella permanecía firme... orgullosa, impertérrita. En aquel momento, esa imagen sustituyó a la de la inválida y le devolvió su coraje. Miró al niño, ocupado con sus soldados.

Pocos minutos más tarde la llamó la enfermera. Mientras se balanceaba en sus muletas, el niño advirtió su amputación.

—Oiga, señora, ¿qué pasó con su pierna? —le preguntó.

La madre, del niño se sintió mortificada.

La señora Smith contempló por un momento su pierna más corta. Luego le respondió con una sonrisa:

—Nada. Yo también soy un pirata.

Marjorie Wallé


Espero que os haya gustado, sigo creando las mías propias, pero siempre que puedo, vuelvo a esta saga de libros porque, de alguna forma fue el origen y mi detonante para empezar por este camino, que todavía no acaba más que dar el primer paso.
Como siempre, gracias por leer. Hecho con mucho cariño, para gente bonita. 💚


 

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Período Detox. Vuelta Don't Stop


        
PERIODO DETOX Y REFLEXIONES POST VACACIONALES
 
¡Hola de nuevo! Hace tiempo que no estoy por aquí y tenía mono de escribir mis pequeñas cosas. No, no os he abandonado. Simplemente he tenido un periodo de Detox general.
El verano se ha pasado como un suspiro, y poco a poco nos hemos ido metiendo en la rutina otra vez. Los niños, llevan la adaptación del colegio casi mejor que yo, y por mi cabeza empiezan a asomar nuevos  y emocionantes retos, al menos eso pinta.
En estos meses atrás me he dado cuenta de la importancia que tiene el estar también “desconectado” no solo de las redes sociales, sino también de todo lo habitual, para poder pensar en aquello que realmente quiero hacer, sin intrusiones externas que me distraigan.
Entonces fue cuando me tocó  mirar hacia adentro…

Cosas que ya estaban y que hay que seguir trabajando en ellas

Comencé a escribir, con mucha emoción, lo que espero que se convierta en mi segundo libro. Estoy dando pinceladas a lo que quiero hacer, pero, necesito más formación. Entonces no me agobié, simplemente escribí a grandes rasgos lo que quería plasmar en cada uno de los personajes y de momento se ha quedado ahí. Seguiré con mis cursos en Octubre para volver a la carga en este aspecto, con muchas ganas. Quiero seguir subiendo hacia una lectura más fresca y dinámica.

 

 *Libros que me han ayudado este verano: Adquirí en un mercadillo el maravilloso libro de Louise L. Hay Usted puede sanar su vida,  que llevaba tiempo queriendo tener, me encanta volver a leerlo una y otra vez.

A correr, de Alma Obregón para inspirarme en una historia real antes de dar mi pequeño gran paso (os lo recomiendo si os gustan las historias de superación)

Los libros de Leire Piriz que ya os comenté antes del verano, son muy buenos y completos (nutrición y estilo de vida).

Entonces fue cuando me tocó analizar los primeros seis meses del año…

 

Gracias a que en “mi oficina” tengo los *recortes de aquello que quiero conseguir, este año mi sorpresa ha sido que, he ido retirando fotos y casi casi tengo cumplido todo aquello que me propuse, pero, por el camino han ido naciendo cositas nuevas. Éstas, me tambalean, me sacuden y me hacen ser más yo. Me dan pistas de por dónde debo ir, y con fe ciega, camino hacia ellas, sin más.

Es esa sensación de que la fase creativa está volviendo otra vez a mí, que me empuja para abrir más los ojos y me hace tener esa visión túnel enfocada en lo que realmente me importa.

Todo empezó cuando decidí que quería cuidarme más, de aprovechar el verano y hacer zumos naturales, polos de frutas y comidas más saludables…

 

*Explicaré el tablero de visión a finales de este año.

 

Cosas que han llegado a mí y no he dicho que No

  
Y entonces fue cuando una amiga del Camping me propuso hacer la carrera de Unicef de Noja, tan solo eran 4 km y lo haríamos en grupo. Era mi primera carrera, pero lo que no sabía, es que sin querer abrí la puerta a aquello que llevaba años queriendo hacer, correr.
Y sin más allí estábamos un domingo, rodeados de cientos de personas  haciendo Zumba para ir calentando, en la plaza de la villa. Todos, mayores y pequeños, familias enteras, carritos de bebés, abuelos y abuelas…
Por un instante miré a mi alrededor, ese ambiente me había fascinado. Agarré fuerte a mi hijo de la mano y pude notar como la energía salía de mí, liberando todo el estrés, me sentía más que feliz.
La salida fue un poco agobiante con tanta gente de un lado para el otro. Los niños del grupo se fueron por el “atajo” acompañados de los vecinos, nos esperarían en la meta. Y nos pusimos a correr sin más. Yo seguía a la marabunta sin pensar mucho en lo que me esperaba por delante. En la primera curva llenando las aceras había carteles, gente animando a conocidos y desconocidos, era inevitable que en cuestión de minutos, e ir viendo todo aquello, la piel se me quedase "chinita", como dice mi amiga mejicana, y los ojos se me empezaron a empapar de la emoción ¡Qué sensación más maravillosa!
En ese momento me di cuenta que durante casi una hora entera corriendo a mi pequeño ritmo, centrándome solo en eso, sin pensar en nada más. Tanto lo urgente como lo mundano tendría que esperar, acababa de encontrar un rincón para mí, estaba más que agradecida.
Hubo un rato en que pensé que no podía más pero, la emoción de llegar a la meta me invadía por completo y seguí, seguí sin parar, sin pensar… y crucé.
Mi hijo me estaba esperando y abrazados corrimos los últimos metros. Creo que recordaré ese día para el resto de mi vida.
Y así seguimos hasta hoy, que voy muy poco a poco y que gracias a mis locas compañeras de trabajo el mes que viene haremos los 10km en el Bilbao Night Marathon ¡estoy deseando que llegue!

 

Pues, como veis, aquí sigo, sumando experiencias. Ha sido un verano muy productivo, con decisiones que irán dando sus frutos para el año próximo, de momento sigo cosechando a mi ritmo, un ritmo que no para.

 
La vida ha hecho que demos la bienvenida a nuestro hogar a un nuevo miembro gatuno, nuestra niña, Milka. Se la encontraron merodeando por la basura y una vecina la recogió y automáticamente pensó “tú te vas con Patry” y así ha sido.

 

Os invito a que os quedéis, y que me leáis. Puede ser que entre alguna línea haya algo que os valga, os ayude u os saque una sonrisa.

Como siempre, hecho con mucho amor para gente bonita.

Nos vemos pronto, hasta entonces, disfrutar de todo lo bueno que tiene la vida.






EJERCICIO DIA 19

       Muy buenos días, hoy empezaremos pasito a pasito a crear nuestra propia magia por medio de nuestra gratitud. El ejercicio de hoy es b...